En un mundo saturado de libros de historia, largos y densos, la obra de Alessandro Barbero, el libro "El diván de Estambul", es una estrella que brilla en la noche (198 páginas). No es un libro que narra batallas y dinastías; es uno que se sumerge en el alma del Imperio otomano para salir a la superficie con una muestra de personalidades y eventos históricos que nos hacen ver con claridad lo que fue este Imperio.
Barbero nos sienta en el metafórico diván del sultán y nos invita a ser testigos de cómo se vivía, se pensaba y se gobernaba en el corazón de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia. Rompe con los estereotipos y nos presenta una historia humana, llena de matices.
Más allá de los grandes sultanes, nos habla de los hombres y mujeres que dieron vida al imperio, desde los temidos
jenízaros hasta el ciudadano común en la bulliciosa Estambul, un verdadero crisol de culturas. Nos muestra que el imperio no era un monolito, sino un mosaico de pueblos y tradiciones entrelazados por una compleja, y a menudo brutal, estructura de poder.
La cuna del poder: de tribus nómadas a la gloria imperial
El Imperio otomano, nos cuenta Barbero, surgió de un grupo de tribus turcas nómadas del Asia Central que, empujadas por las invasiones mongolas, se establecieron en Anatolia en el siglo XIII. Su éxito inicial se basó en una mezcla de habilidad militar y una estrategia de expansión territorial muy astuta. A diferencia de otros reinos, los otomanos se mostraron notablemente pragmáticos y adaptables. No impusieron su religión ni su cultura de forma violenta a los pueblos conquistados, sino que les ofrecieron la posibilidad de unirse a un sistema que les garantizaba orden y prosperidad.
El Diván: el cerebro del Imperio
A medida que el imperio crecía, necesitaba una estructura de gobierno cada vez más compleja y sofisticada. Aquí es donde entra el Diván Imperial, el corazón del poder otomano.
Este consejo, presidido por el gran visir, era el equivalente al gabinete de un gobierno moderno. Aunque el sultán tenía la última palabra, el diván (consejo de gobierno) era donde se tomaban las decisiones cruciales sobre la guerra, la economía, la justicia y la administración. Era un lugar de poder y de intriga, donde los visires, a veces de origen humilde, podían ascender hasta la cima.
La genialidad del sistema, según Barbero, radicaba en su meritocracia: a diferencia de las monarquías europeas, el ascenso en el escalafón otomano no dependía del linaje, sino del talento y la lealtad. Este sistema (flexible y eficiente) fue clave para que el imperio se expandiera y se mantuviera durante siglos como una de las potencias dominantes del mundo.
El significado detrás del título: De consejo de Estado a un mueble
Incluso el título del libro es una lección de historia. Barbero nos explica que la palabra "diván" tiene un fascinante recorrido que refleja el intercambio cultural. Originalmente, el "Diván Imperial" era el nombre del supremo consejo de gobierno del sultán otomano, el lugar donde se tomaban las decisiones más importantes. Con el tiempo, el nombre pasó a asociarse con los largos asientos o sofás sobre los que se sentaban los dignatarios en estas reuniones. Cuando este estilo de mobiliario llegó a Occidente, se popularizó como "diván" o "sofá turco".
Este viaje etimológico es la metáfora perfecta del libro: toma un concepto de poder y autoridad, el diván de Estambul, y lo vuelve algo accesible e íntimo, transformando una vasta historia en un relato que nos invita a sentarnos y escuchar.
La brecha intelectual y económica con Occidente
Pero, el Imperio otomano se colapsó después de la Primera Guerra Mundial, un hecho que no sorprendió al mundo, pues, desde el siglo pasado e incluso antes, la diplomacia europea era conocido como "el hombre enfermo de Europa" (apodo cuya autoría se atribuye al Zar Nicolás I de Rusia).
Barbero muestra cómo el retraso cultural y tecnológico del imperio frente a Occidente ocasionó ese colapso. Nos explica cómo, mientras en Europa la imprenta revolucionaba la difusión del conocimiento, las élites otomanas mantenían una férrea resistencia a esta nueva tecnología. Este rechazo, motivado por el temor a perder el control sobre las ideas y la religión, condenó al imperio a un estancamiento en los siglos 16 y 17 y a un visible atraso en el siglo 18 que se volvió insalvable.
El estancamiento, dice Barbero, no fue solo tecnológico, sino que se extendió a la cultura de la razón, a la separación de la religión de la ciencia y la política, y a la modernización de los sistemas económicos. Mientras Europa desarrollaba una banca sofisticada, un sistema crediticio avanzado y una moneda estable, el Imperio otomano se aferraba a estructuras financieras tradicionales. Esta inmovilidad ante la modernidad, tanto en el pensamiento como en la economía, es, según Barbero, la clave para entender por qué una potencia que se extendía por tres continentes se convirtió en el "hombre enfermo de Europa".
En resumen,
"El diván de Estambul" es una lectura imprescindible para cualquiera que desee explorar la historia del Imperio Otomano.
Es una obra que instruye y entretiene por igual, demostrando que la historia no tiene por qué ser aburrida. Si buscas un libro que te transporte a un mundo de sultanes, intrigas y grandeza, mientras aprendes de la mano de un maestro, no busques más.