viernes, 6 de marzo de 2026

El estudio como acto de fe: De la Biblia a El Capital


En el mundo académico y científico, estudiar es un proceso de indagación donde la duda es la herramienta principal. Se estudia algo para entenderlo, desarmarlo y, si la evidencia lo permite, creer en él o refutarlo. El texto que se estudia es una herramienta provisional y el objetivo, descubrir la verdad, esté donde esté. 

El que estudia se pregunta: ¿Existe evidencia empírica que demuestre que esto es verdad?

Sin embargo, en las tradiciones dogmáticas —ya sean teológicas o políticas— el verbo "estudiar" cambia radicalmente de naturaleza. En ellas, la revelación y no la duda es el punto de partida. La evidencia no cuenta.

Así, tanto en el estudio de la Torá como en el de la Biblia y el Corán, el texto no es un objeto de análisis, sino una revelación. Y, si un estudiante de teología no comprende un pasaje o encuentra una contradicción, la culpa nunca es del texto (que es divino), sino del intelecto del alumno (que es limitado). Es decir, el "estudio" aquí no es la búsqueda de conocimiento nuevo, sino un ejercicio de interpretación forzada. 

El que estudia se pregunta: ¿Cómo logro que la realidad encaje en lo que ya está escrito?

Con El Capital de Carlos Marx ocurre lo mismo.

Para el militante de izquierda, el texto de Marx no es un tratado de economía sujeto a errores históricos, sino una verdad científica revelada. El resultado de este "estudio" siempre es binario: Si lo crees, eres un economista formado y consciente; y si no lo crees, es que "no lo has estudiado lo suficiente" o tu "conciencia de clase" está nublada. El texto que se estudia es una verdad eterna e infalible y el objetivo, confirmar la verdad que ya se posee.

Por lo tanto, decir que un militante de izquierda ‘estudia’ El Capital es, en esencia, una contradicción hasta en el nombre. Si el resultado del estudio está determinado de antemano (tienes que terminar creyendo), entonces no hubo duda ni investigación, sino un proceso de adoctrinamiento.

Cuando el Che afirmaba que no se podía ser economista sin conocer El Capital, no hablaba de conocer una teoría para debatirla, sino de adoptar una cosmovisión como quien recibe el bautismo.

El problema de este enfoque es que, cuando la realidad contradice al libro (por ejemplo, cuando la economía planificada falla, como lo hace siempre), el dogmático prefiere castigar y reprimir a la realidad antes que corregir el texto. Y esa realidad son vidas humanas.

En conclusión, el estudio auténtico requiere la libertad de dudar y poder decir "esto está equivocado". Sin esa posibilidad, estudiar la Biblia, la Torá, el Corán o El Capital es simplemente un ejercicio de gimnasia mental para justificar una fe preexistente. Al final, el "estudioso" no es más que un converso fanático que aprendió el vocabulario técnico de su propia religión.

viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña: La joven del té, de Lisa See


Hay novelas que son secretos impresos en papel. Como si la autora hubiera llegado a tu casa, se hubiera sentado en tu sala y te hubiera dicho: "Siéntate, que te voy a contar". Y empieza:

“Sin una coincidencia fortuita, no hay una historia que valga”.

Eso sentí al abrir la primera página de La joven del té, de Lisa See. Nuestro encuentro fue precisamente eso: una coincidencia fortuita. Una cita romántica por azar. Una incursión rápida en la librería (El Crisol del Óvalo Gutiérrez) que se transformó en una tertulia aquí dentro.

Tengo el mal hábito de escribir reseñas sobre los libros de los cuales me enamoro. Y de este me enamoré, como siempre, a primera vista; no necesité llegar a la página 50 para saber que esta historia me la estaban contando a mí, y solo a mí.

La trama nos sumerge en la vida de Li-Yan, una joven de la minoría étnica Akha en las montañas de Yunnan. Allí, los Akha viven, respiran y se aman alrededor del té, específicamente del Pu'er. Lisa See toma este elemento y, como quien prepara una infusión para una noche fría, lo convierte en la columna vertebral de la historia.

Li-Yan es el eje de todo. Comienza como una niña inocente y se transforma en una mujer sofisticada y conocedora de la industria del té. Su evolución es el verdadero "viaje de la heorina": pasa de la obediencia ciega a la tradición a la búsqueda desesperada de su propia identidad y de la hija que “perdió”. En un acto de amor y rebeldía, nombra a esa pequeña Yan-yeh. Aunque en su nueva vida en Occidente la niña crezca con otro nombre —Haley— y otra lengua, el té actúa como el hilo invisible que las mantiene unidas.

En este camino la acompañan figuras inolvidables. Su madre, A-Ma, sanadora de la aldea y autoridad espiritual, representa el peso de la tradición y un amor maternal protector que, aunque a veces doloroso, le da a Li-Yan la fuerza necesaria para sobrevivir. Por otro lado, está San-Pa, su primer amor, cuya relación desencadena la ruptura con las leyes de su tribu y trae consecuencias trágicas que marcan el fin de la China tradicional para la protagonista. Años más tarde aparece Jin, quien encarna la China moderna y próspera, llevándonos de la pobreza extrema de la montaña a la comodidad de la ciudad.

El ritmo es pausado pero ágil. Te atrapa no como un río turbulento, sino como el agua calma de un estanque bajo la sombra de una ponciana en pleno verano. Lisa See combina la narración con cartas y archivos que actúan como puentes emocionales, recordándonos que, aunque el mundo se modernice, los hilos que unen a las madres con sus hijas son inalterables.

Confieso que el libro tocó las fibras más sensibles de mi alma y lo terminé, inevitablemente, entre lágrimas.

Sobre el libro

La joven del té (The Tea Girl of Hummingbird Lane) de Lisa See. Ediciones B / Penguin Random House. Novela Histórica / Ficción Contemporánea. Lugar de la trama: Yunnan, China y California, Estados Unidos.

Sobre la autora: Lisa See


Lisa See (París, 1955) es una escritora y novelista estadounidense. Sus ancestros poblaron en el Barrio Chino de Los Ángeles; su bisabuelo fue una figura central en esa comunidad. Esta dualidad le ha permitido actuar como un puente entre dos mundos. Se especializa en antropología emocional: investiga tradiciones perdidas, minorías étnicas y la vida de las mujeres en las zonas más remotas de China para luego transformarlas en narrativa.

Sitio web oficial: https://lisasee.com/


miércoles, 11 de febrero de 2026

"La fe y las montañas" de Augusto Monterroso


Esta fábula de Monterroso resume la historia de la religión en cuatro párrafos cortos. Un genio.

Por Augusto Monterroso

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. 

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. 

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.