miércoles, 29 de octubre de 2025

¿Por qué el fascismo es el mal absoluto y el comunismo sigue vigente?


¿Alguna vez te has preguntado por qué el fascismo es universalmente condenado, mientras que el comunismo, a pesar de su historial sangriento, sigue atrayendo seguidores?

La historia del siglo XX nos presenta una paradoja moral e histórica: el comunismo de Estado resultó ser la ideología más mortífera y económicamente destructiva, pero el fascismo carga con la peor reputación. Aquí desmantelamos esta paradoja, analizando los hechos, la ideología y la narrativa histórica.

El costo en vidas y economías: ¿Quién fue más letal?

Si analizamos los hechos, el balance de los regímenes totalitarios del siglo XX es inequívoco:

Coste humano

IdeologíaRegímenes RepresentativosVíctimas Estimadas (Muertes por el Estado)
ComunismoURSS (Stalin), China (Mao), Camboya (Pol Pot)60 a 110 millones de muertes (Ejecuciones, hambrunas inducidas, campos de trabajo,sin contar las muertes directas de sus guerras).
Fascismo/NazismoAlemania (Hitler), Italia (Mussolini)~17 millones de muertes (Holocausto, represión política, sin contar todas las muertes directas de la guerra).

En la práctica, el comunismo totalitario ha sido responsable del mayor número de muertes por represión interna y políticas estatales a lo largo de la historia.

Desastre económico

  • Comunismo: Sus sistemas de planificación centralizada eliminaron la propiedad privada y la competencia. El resultado fue la destrucción económica estructural, la ineficiencia crónica y la escasez masiva. Hoy, el colapso productivo total que produce hambrunas y crisis humanitarias sigue siendo visible en Venezuela y Cuba.

  • Fascismo: Aunque autoritarios, mantuvieron la propiedad privada bajo fuerte control estatal (economía corporativista). Esto evitó el colapso productivo total, aunque sus economías estaban distorsionadas por el militarismo y llevaron a guerras de agresión.

La contradicción ideológica: medios vs. fines

La diferencia crucial en la percepción radica en lo que cada ideología promete y lo que utiliza para lograrlo:

Fascismo: La confrontación identitaria

El fascismo se basa en la supremacía de la Nación, la Raza o el Estado. Su retórica es inherentemente excluyente, nacionalista y militarista. La violencia está justificada para purificar y exaltar a la nación, convirtiendo el odio y la exclusión en un fin casi ideológico.

El repudio: El mal es fácil de identificar, pues está en la base de la idea: la supremacía de un grupo sobre otro.

Comunismo: La paradoja de la violencia utopista

El comunismo se presenta como una utopía de igualdad universal y justicia social, prometiendo un mundo sin explotación ni clases. Este ideal es su gran atractivo.

Sin embargo, su teoría prescribe la confrontación violenta y la lucha de clases como el único camino para alcanzar ese fin noble.

La contradicción central: El comunismo exige la tiranía y la violencia ilimitada (la "dictadura del proletariado") para crear, supuestamente, una sociedad donde la violencia estatal ya no sea necesaria. Históricamente, esta etapa "temporal" se vuelve permanente, llevando solo a un cambio de opresores y a una violencia sistemática.

  • El engaño: La promesa de un fin "bueno" permite a sus seguidores argumentar que los crímenes se deben a una "mala aplicación" y no a la nobleza de la idea en sí. En América Latina, esta ideología ha alimentado conflictos sangrientos, como los causados por Sendero Luminoso en Perú o las FARC en Colombia.

La sentencia de la historia post-guerra

La narrativa posterior a 1945 selló el destino moral de ambas ideologías:

  • El fascismo fue condenado: Fue el perdedor absoluto de la Segunda Guerra Mundial. La revelación del Holocausto y los Juicios de Núremberg lo vincularon irrevocablemente al Mal Absoluto en la conciencia occidental, despojándolo de toda legitimidad política.

  • El comunismo fue "vencedor" y antifascista: Los regímenes comunistas (liderados por la URSS) fueron clave para derrotar a Hitler. Esto les permitió presentarse como la fuerza antifascista por excelencia, diluyendo la condena moral sobre sus propios crímenes, que quedaron enmarcados en la disputa ideológica de la Guerra Fría y no en un repudio global unificado.

La vigencia hoy

El fascismo está muerto como doctrina política con apoyo masivo. En cambio, los principios generales del socialismo siguen siendo la base de los partidos de izquierda democrática y del debate sobre la justicia distributiva. Esto mantiene viva la capacidad de la ideología comunista para atraer seguidores a pesar de su catastrófico historial de implementación.

El peligro olvidado: La asimetría del análisis en América Latina

La tendencia a condenar universalmente el fascismo contrasta fuertemente con la atención asimétrica que se presta a las amenazas actuales en América Latina.

Muchos análisis influyentes sobre la "decadencia de la democracia" se centran en los riesgos del populismo de derecha y el neofascismo (que buscan desmantelar la democracia desde dentro). La atención académica, como sugieren los estudios en la región, se ha volcado a entender la "novedad" de líderes antiglobalistas y "neopatriotas" (como los analizados por académicos en la literatura sobre el populismo de derechas), quienes representan una mutación dentro de sistemas democráticos existentes.

Esta focalización excesiva en la derecha conlleva a minimizar o ignorar la tiranía consolidada de izquierda. Esta omisión es grave porque son precisamente los regímenes socialistas/comunistas (como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua) los que llevan décadas destruyendo la democracia y causando desastres humanitarios. 

Peor aún, estos regímenes autoritarios de izquierda están probadamente implicados en la colusión con el narcotráfico y el crimen organizado (los llamados "narco-estados"), representando una amenaza para la seguridad regional mucho más tangible y duradera.

Esta disparidad ocurre porque la tiranía de izquierda es vista por algunos analistas como un problema político "viejo" o un "fracaso del modelo" ya documentado, mientras que los movimientos de derecha representan una novedad en el debate. 

Sin embargo, los hechos son tozudos: ignorar o minimizar a los regímenes que llevan décadas ejerciendo una represión sistemática, causando la mayor emigración masiva y ligándose al crimen transnacional bajo la bandera del socialismo, perpetúa un peligro real por una selectiva ceguera ideológica.