sábado, 21 de marzo de 2026

¿Capitalismo feudal o soberanía del consumidor?

 


Una respuesta a Roberto Seghetti desde la experiencia de mis 62 años

En el debate económico actual, ha ganado fuerza una etiqueta provocadora: el "capitalismo feudal"

Uno de sus exponentes, el periodista italiano Roberto Seghetti, sostiene que hemos regresado a una estructura medieval. Según él, las grandes tecnológicas no compiten, sino que son "señores" que cobran tributos por acceder a la "tierra digital" (Amazon, Netflix, Google).


Habiendo vivido la era del vinilo, el cassette y el CD, y tras haber hecho verdaderas proezas para conseguir un solo disco de 45 RPM (dos canciones) en mi juventud, tengo argumentos para decir que esta crítica es una pataleta ideológica que ignora la realidad del bolsillo y la libertad del usuario. 

Seghetti argumenta que estas plataformas son parásitos que extraen renta de un mercado cautivo.

  • La realidad: Un señor feudal cobraba por un puente que él no mantenía. Hoy, pagamos por una proeza tecnológica: servidores globales que transmiten en 4K sin cortes y algoritmos que aprenden de nuestros gustos. Mantener esa "biblioteca de Alejandría" en la palma de tu mano cuesta miles de millones en inversión constante. No es un peaje; es un servicio de lujo a precio de risa.

Para los críticos, no ser dueño del objeto físico es una pérdida de poder. Yo lo veo al revés:

  • La fragilidad física: Los discos se rayan, las cintas se enreden y los CDs se oxidan. Pero hay algo más: lo físico te lo pueden robar. Un incendio o un robo en casa acababa con tu colección de años.

  • La invulnerabilidad digital: Mis licencias en la nube no se queman ni se pierden. Y seamos pragmáticos: si le das tus claves a tus hijos, ellos heredan tu biblioteca entera sin pagar un solo centavo de impuesto de sucesiones y sin que ocupe un metro cuadrado de estantería. Es propiedad líquida, segura y portátil.

Seghetti ve un sistema de "vasallaje" donde el pequeño productor sufre.

  • El viejo paradigma: En los 80, mandaban cinco ejecutivos de discográficas. Si ellos decían que no eras comercial, no existías. Eso sí era un feudo cerrado.

  • Hoy mandamos nosotros: Cualquier artista se autopublica hoy desde su habitación. La "curaduría" ya no es una imposición de un tipo con traje en una oficina de Nueva York o Tokio; es un diálogo democrático entre el creador y el público a través de la red.

  • Irónicamente, la mirada de Seghetti es la que permanece anclada en una mentalidad feudal al no comprender la diferencia entre la carga de la propiedad y la libertad del acceso

  • Su error es fetiche: cree que la libertad reside en poseer el objeto físico (el disco, el libro, el soporte), sin entender que ser dueño de un objeto te obliga a su mantenimiento, cuidado y protección contra el robo o el tiempo. 

  • En la economía moderna, el consumidor inteligente ha descubierto que es mucho más libre quien posee el derecho de uso que quien carga con el peso del activo; delegamos el mantenimiento y la obsolescencia a la plataforma para reservar nuestro tiempo y capital en lo que realmente importa. El siervo medieval estaba atado a la tierra por obligación; el usuario de hoy entra y sale del servicio por elección, demostrando que la verdadera soberanía no es acumular cosas, sino poseer opciones.

Por último, para desarmar la teoría de Seghetti, solo hace falta una calculadora.

  • En 1980: Un disco de vinilo de estreno costaba unos $8.99 USD.

  • Ajustado a 2026: Esos mismos $8.99 equivalen hoy a unos $38.00 USD.

La conclusión es letal: Con el precio de un solo disco físico en los 80, hoy pagas tres meses de acceso ilimitado a 100 millones de canciones. Somos un 300% más ricos en acceso cultural que cuando éramos "dueños" de trozos de plástico.

El error de Seghetti es confundir la conveniencia con la coacción. El siervo medieval no podía elegir a su señor; nosotros elegimos la plataforma porque nos da un valor incalculable por una suma ridícula.

A mis 62 años, no me siento un "siervo". Me siento el dueño de una riqueza cultural que mis padres ni siquiera pudieron imaginar. 

Llamar a esto "feudalismo" no es economía; es nostalgia mal informada.

domingo, 15 de marzo de 2026

Crónica de una autopsia emocional: La marcha Radetzky de Joseph Roth




 

¡Así era antaño! Todo lo que crecía requería mucho tiempo para crecer y todo lo que desaparecía requería mucho tiempo para ser olvidado. Por otro lado, todo lo que había existido alguna vez había dejado su huella, y, además, antes se vivía de los recuerdos igual que ahora se vive de la capacidad de olvidar deprisa y por completo. (Roth, Joseph. La marcha Radetzky (Alianza Literaturas) (p. 142). Alianza Editorial. Edición de Kindle.)

    Como parte de mi itinerario de lecturas de 2026, he concluido La marcha Radetzky, una obra que trasciende la crónica histórica para convertirse en el testamento personal de Joseph Roth. Tras investigar su biografía, resulta evidente que la novela no solo narra el fin de una era, sino que fragmenta la psique del autor en una galería de personajes que reflejan su zozobra, sus deseos de libertad y su trágica autodestrucción.

La estirpe de los Trotta: El peso de la gloria y el vacío

    La novela traza la decadencia del Imperio austrohúngaro a través de tres generaciones de la familia Trotta. Su destino queda sellado por un acto heroico fortuito: el abuelo salva al emperador Francisco José en la batalla de Solferino. Este evento les otorga el título de "Barón von Trotta", una identidad que termina siendo una carga asfixiante.

El Imperio como tragedia de identidad

    Para Roth, el Imperio —simbolizado por un Francisco José que actúa como "padre ausente"— no era solo una entidad geopolítica, sino un ancla de identidad. Como judío que se sentía "austríaco" por encima de todo, la fragmentación del imperio en nacionalismos hostiles lo dejó en la orfandad absoluta.

Los personajes como espejos de su deriva existencial

    Roth no se limitó a los protagonistas para proyectarse; utilizó a los personajes secundarios para dar voz a sus pulsiones más profundas:

  • El Barón Franz von Trotta: Encarna el orden rígido y la burocracia imperial que Roth añoraba pero sabía condenada. Representa una identidad clara que no puede sobrevivir fuera de su ecosistema político. 
  • Carl Joseph Trotta: El nieto personifica la alienación. Heredero de los privilegios pero no de la riqueza ni de la convicción, se siente un extraño en su tiempo. Atrapado en una estructura militar vacía, busca refugio en el alcohol, las deudas y el adulterio, espejando los años de exilio de Roth en París.
  • El Dr. Demant y el cabo Onufrij: Representan la búsqueda de la libertad y lo esencial. A través de ellos, Roth explora la posibilidad de una vida fuera de las convenciones aristocráticas, aunque marcada por la fatalidad.
  • El pintor Mose: Es la personificación de la bohemia y la bebida. Encarna la libertad creativa pero también la pulsión autodestructiva del autor.
  • El Conde Chojnicki: Actúa como la conciencia del desastre. Es quien posee la certeza del fin, articulando la amarga convicción de Roth de que la patria se acaba y el mundo de ayer está siendo devorado.
El oficio de escribir
    Desde el punto de vista de la técnica literaria, quiero mencionar dos recursos magistrales:

  • El retrato del héroe de Solferino: Funciona como un leitmotiv visual. A medida que el cuadro se deteriora o cambia de lugar, Roth narra sin palabras el declive moral de la estirpe: 

El abuelo de Carl Joseph quizá la habría entendido también! Su enigmático retrato se perdía en la sombra de la moldura del gabinete. La memoria de Carl Joseph se aferraba a aquella imagen como único y último símbolo que le había legado su larga cadena de antepasados desconocidos. Él era su heredero. Desde que se había incorporado al regimiento, se sentía nieto de su abuelo y no hijo de su padre; es más, era el hijo de su peculiar abuelo. (Roth, Joseph. La marcha Radetzky (Alianza Literaturas) (p. 79). Alianza Editorial. Edición de Kindle.)

  • El ritmo de la prosa: La novela mantiene un tono melancólico y pausado que imita el compás de los valses y las marchas militares, pero siempre introduce una nota discordante que anuncia el desastre inminente.

Conclusión: El final de la ficción y la realidad

    La muerte de Joseph Roth en 1939 en un hospital para pobres en París, víctima de delirium tremens tras enterarse del suicidio de su amigo Ernst Toller, guarda un eco escalofriante con su obra.

    Su final guarda paralelismos con el destino del marido de su amante en Viena, cerrando un círculo de fatalidad. Roth sufría no era un trastorno que se curara con terapia; era un dolor histórico. Él no estaba preocupado por el futuro; estaba de luto por el pasado. Sus personajes no tienen ataques de pánico modernos; tienen una asfixia espiritual.

    Al igual que los Trotta, Roth prefirió "beberse el final" antes que rendirse a la barbarie nazi, convirtiendo su propia vida en la última página de su gran elegía imperial.

Reseña biográfica de Joseph Roth

"Soy un hombre que vive en una habitación de hotel en la Rue de Tournon (el Hôtel de la Poste, en París), escribiendo en la mesa de un café y sin un pasaporte que me dé una identidad real".

   Joseph Roth (1894-1939) no fue solo un escritor; fue un fantasma que sobrevivió a su propia casa. Nacido en Brody (Galitzia, en los márgenes del Imperio austrohúngaro), creció en una frontera donde las lenguas y las culturas se mezclaban bajo la sombra protectora de la corona de los Habsburgo.

    Para Roth, la disolución del Imperio en 1918 no fue una liberación política, sino una catástrofe existencial. Al desaparecer el águila bicéfala, perdió el único marco que le permitía ser, al mismo tiempo, judío, cosmopolita y austríaco. Se convirtió en un "homeless" espiritual, un hombre que veía cómo los nuevos nacionalismos alzaban muros donde antes había puentes.

    Su vida se convirtió en una huida hacia delante por las cafeterías y hoteles de Europa, empezando a verse a sí mismo como un "habitante de hoteles". En una carta a su amigo Stefan Zweig, se definía con crudeza: el hotel, decía, era el único lugar donde se sentía en casa porque era un espacio de "tránsito permanente", igual que su propia vida.

    En sus últimos años en París, exiliado del nazismo y sumergido en el alcohol, Roth se aferró a una nostalgia casi mística por un mundo que ya no existía. Murió en 1939 en un hospital para indigentes, justo antes de ver cómo el resto de Europa sucumbía a la misma oscuridad que ya había devorado su memoria.

    Roth murió prematuramente a los 44 años y no recibió en vida el reconocimiento que se le debía. Sin embargo, autores de la talla de Mario Vargas Llosa, J.M. Coetzee o Nadine Gordimer (todos ellos premios Nobel) lo han citado como una influencia fundamental por su capacidad para capturar el "alma de una época" que se desvanece.

    Su legado literario sigue vivo hoy, 87 años después de su muerte. Que un diplomático, que ha pasado la mayor parte de los últimos 35 años de su vida profesional fuera de su país, lo lea y lo reseñe con tal cercanía, es tal vez el más humilde, pero también el más sincero de sus premios.

viernes, 6 de marzo de 2026

El estudio como acto de fe: De la Biblia a El Capital


En el mundo académico y científico, estudiar es un proceso de indagación donde la duda es la herramienta principal. Se estudia algo para entenderlo, desarmarlo y, si la evidencia lo permite, creer en él o refutarlo. 

El texto que se estudia es una herramienta provisional y el objetivo, descubrir la verdad, esté donde esté. El que estudia se pregunta: ¿Existe evidencia empírica que demuestre que esto es verdad?

Sin embargo, en las tradiciones dogmáticas —ya sean teológicas o políticas— el verbo "estudiar" cambia radicalmente de naturaleza. En ellas, la revelación y no la duda es el punto de partida. 

La evidencia no cuenta.

Así, tanto en el estudio de la Torá como en el de la Biblia y el Corán, el texto no es un objeto de análisis, sino una revelación. 

Y, si un estudiante de teología no comprende un pasaje o encuentra una contradicción, la culpa nunca es del texto (que es divino), sino del intelecto del alumno (que es limitado). Es decir, el "estudio" aquí no es la búsqueda de conocimiento nuevo, sino un ejercicio de interpretación forzada. 

El que estudia se pregunta: ¿Cómo logro que la realidad encaje en lo que ya está escrito?

Con El Capital de Carlos Marx ocurre lo mismo.

Para el militante de izquierda, el texto de Marx no es un tratado de economía sujeto a errores históricos, sino una verdad científica revelada. El resultado de este "estudio" siempre es binario: Si lo crees, eres un economista formado y consciente; y si no lo crees, es que "no lo has estudiado lo suficiente" o tu "conciencia de clase" está nublada. El texto que se estudia es una verdad eterna e infalible y el objetivo, confirmar la verdad que ya se posee.

Por lo tanto, decir que un militante de izquierda ‘estudia’ El Capital es, en esencia, una contradicción hasta en el nombre. Si el resultado del estudio está determinado de antemano (tienes que terminar creyendo), entonces no hubo duda ni investigación, sino un proceso de adoctrinamiento.

Cuando el Che afirmaba que no se podía ser economista sin conocer El Capital, no hablaba de conocer una teoría para debatirla, sino de adoptar una cosmovisión como quien recibe el bautismo.

El problema de este enfoque es que, cuando la realidad contradice al libro (por ejemplo, cuando la economía planificada falla, como lo hace siempre), el dogmático prefiere castigar y reprimir a la realidad antes que corregir el texto. Y esa realidad son vidas humanas.

En conclusión, el estudio auténtico requiere la libertad de dudar y poder decir "esto está equivocado". Sin esa posibilidad, estudiar la Biblia, la Torá, el Corán o El Capital es simplemente un ejercicio de gimnasia mental para justificar una fe preexistente. Al final, el "estudioso" no es más que un converso fanático que aprendió el vocabulario técnico de su propia religión.

viernes, 20 de febrero de 2026

Reseña: La joven del té, de Lisa See


Hay novelas que son secretos impresos en papel. Como si la autora hubiera llegado a tu casa, se hubiera sentado en tu sala y te hubiera dicho: "Siéntate, que te voy a contar". Y empieza:

“Sin una coincidencia fortuita, no hay una historia que valga”.

Eso sentí al abrir la primera página de La joven del té, de Lisa See. Nuestro encuentro fue precisamente eso: una coincidencia fortuita. Una cita romántica por azar. Una incursión rápida en la librería (El Crisol del Óvalo Gutiérrez) que se transformó en una tertulia aquí dentro.

Tengo el mal hábito de escribir reseñas sobre los libros de los cuales me enamoro. Y de este me enamoré, como siempre, a primera vista; no necesité llegar a la página 50 para saber que esta historia me la estaban contando a mí, y solo a mí.

La trama nos sumerge en la vida de Li-Yan, una joven de la minoría étnica Akha en las montañas de Yunnan. Allí, los Akha viven, respiran y se aman alrededor del té, específicamente del Pu'er. Lisa See toma este elemento y, como quien prepara una infusión para una noche fría, lo convierte en la columna vertebral de la historia.

Li-Yan es el eje de todo. Comienza como una niña inocente y se transforma en una mujer sofisticada y conocedora de la industria del té. Su evolución es el verdadero "viaje de la heorina": pasa de la obediencia ciega a la tradición a la búsqueda desesperada de su propia identidad y de la hija que “perdió”. En un acto de amor y rebeldía, nombra a esa pequeña Yan-yeh. Aunque en su nueva vida en Occidente la niña crezca con otro nombre —Haley— y otra lengua, el té actúa como el hilo invisible que las mantiene unidas.

En este camino la acompañan figuras inolvidables. Su madre, A-Ma, sanadora de la aldea y autoridad espiritual, representa el peso de la tradición y un amor maternal protector que, aunque a veces doloroso, le da a Li-Yan la fuerza necesaria para sobrevivir. Por otro lado, está San-Pa, su primer amor, cuya relación desencadena la ruptura con las leyes de su tribu y trae consecuencias trágicas que marcan el fin de la China tradicional para la protagonista. Años más tarde aparece Jin, quien encarna la China moderna y próspera, llevándonos de la pobreza extrema de la montaña a la comodidad de la ciudad.

El ritmo es pausado pero ágil. Te atrapa no como un río turbulento, sino como el agua calma de un estanque bajo la sombra de una ponciana en pleno verano. Lisa See combina la narración con cartas y archivos que actúan como puentes emocionales, recordándonos que, aunque el mundo se modernice, los hilos que unen a las madres con sus hijas son inalterables.

Confieso que el libro tocó las fibras más sensibles de mi alma y lo terminé, inevitablemente, entre lágrimas.

Sobre el libro

La joven del té (The Tea Girl of Hummingbird Lane) de Lisa See. Ediciones B / Penguin Random House. Novela Histórica / Ficción Contemporánea. Lugar de la trama: Yunnan, China y California, Estados Unidos.

Sobre la autora: Lisa See


Lisa See (París, 1955) es una escritora y novelista estadounidense. Sus ancestros poblaron en el Barrio Chino de Los Ángeles; su bisabuelo fue una figura central en esa comunidad. Esta dualidad le ha permitido actuar como un puente entre dos mundos. Se especializa en antropología emocional: investiga tradiciones perdidas, minorías étnicas y la vida de las mujeres en las zonas más remotas de China para luego transformarlas en narrativa.

Sitio web oficial: https://lisasee.com/


miércoles, 11 de febrero de 2026

"La fe y las montañas" de Augusto Monterroso


Esta fábula de Monterroso resume la historia de la religión en cuatro párrafos cortos. Un genio.

Por Augusto Monterroso

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. 

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. 

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

martes, 10 de febrero de 2026

"Cómo me deshice de quinientos libros" de Augusto Monterroso


El cuento corto (algunos lo llaman ensayo) "Cómo me deshice de quinientos libros" de Augusto Monterroso, el maestro de la brevedad, es una genialidad. Me hizo verme en un espejo y reír: tengo 5 cajas grandes llenas de libros en casa de mi madre y cuando vuelva a Lima en unos meses, llevaré dos más.

Disfruten el relato. 

"Poeta: no regales tu libro, destrúyelo tú mismo" Eduardo Torres"

Por Augusto Monterroso

"Hace varios años leí un ensayo de no recuerdo qué autor inglés en el que éste contaba las dificultades que se le presentaron para deshacerse de un paquete de libros que por ningún motivo quería conservar en su biblioteca. Ahora bien, en el curso de mi existencia he podido observar que entre los intelectuales es corriente oír la queja de que los libros terminan por sacarlos de sus casas. Algunos hasta justifican el tamaño de sus mansiones señoriales con la excusa de que los libros ya no los dejaban dar un paso en sus antiguos departamentos.

Yo no he estado, y probablemente no lo estaré jamás, en este último extremo; pero nunca hubiera podido imaginar que algún día me encontraría en el del ensayista inglés, y que tendría que luchar por desprenderme de quinientos volúmenes.

Trataré de contar mi experiencia. De pasada diré que es probable que esta historia irrite a muchos. No importa. La verdad es que en determinado momento de su vida, o uno conoce demasiada gente (escritores), o a uno lo conoce demasiada gente (escritores), o uno se da cuenta de que le ha tocado vivir en una época en que se editan demasiados libros. Llega el momento en que tus amigos escritores te regalan tantos libros (aparte de los que generosamente te pasan para leer aún inéditos) que necesitarías dedicar todos los días del año para enterarte de sus interpretaciones del mundo y de la vida. Como si esto fuera poco, el hecho es que desde hace veinte años mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos termina por confundirse tristemente con la primera.

Por ese tiempo, di en la torpeza de visitar las librerías de viejo. En la primera página de Moby Dick Ismael observa que cuando Caton se hastió de vivir se suicidó arrojándose sobre su espada, y que cuando a él le sucedía hastiarse, sencillamente tomaba un barco. Yo, en cambio, durante años tomé el camino de las librerías de viejo. Cuando uno empieza a sentir la atracción de esos establecimientos llenos de polvo y penuria espiritual, el placer que proporcionan los libros ha empezado a degenerar en la manía de comprarlos, y ésta a su vez en la vanidad de adquirir algunos raros para asombrar a los amigos o a los simples conocidos.

¿Cómo tiene lugar este proceso? Un día uno está tranquilo leyendo en su casa cuando llega un amigo y le dice: "¡Cuántos libros tienes!". Eso le suena a uno como si el amigo le dijera: "¡Qué inteligente eres!", y el mal está hecho. Lo demás, ya se sabe. Se pone uno a contar los libros por cientos, luego por miles, y a sentirse cada vez más inteligente. Como a medida que pasan los años (a menos que se sea un verdadero infeliz idealista) uno cuenta con más posibilidades económicas, uno ha recorrido más librerías y, naturalmente, uno se ha convertido en escritor, uno posee tal cantidad de libros que ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio. Así es la vanidad esta de poseer muchos libros.

En tal situación, el otro día me armé de valor y decidí quedarme únicamente con aquellos libros que de veras me interesan, hubiera leído o fuera realmente a leer. Mientras consume su cuota de vida, ¿cuántas verdades elude el ser humano? Entre éstas, ¿no es la de su cobardía una de las más constantes? ¿A cuántos sofismas acudes diariamente para ocultarte que eres un cobarde? Yo soy un cobarde. De los varios miles de libros que poseo por inercia, apenas me atreví a eliminar unos quinientos, y eso con dolor, no por lo que representaran espiritualmente para mí, sino por el coeficiente de menor prestigio que los diez metros menos de estanterías llenas irían a significar.

Día y noche mis ojos recorrieron una y otra vez (como decían los clásicos) las vastas hileras, discriminando hasta el cansancio (como decimos los modernos). ¡Qué increíble cantidad de poesía, qué cantidad de novelas, cuántas soluciones sociológicas para los males del mundo! Se supone que la poesía se escribe para enriquecer el espíritu; que las novelas han sido concebidas, cuando menos, para la distracción; y aun, con optimismo, que las soluciones sociológicas se encaminan a solucionar algo.

Viéndolo con calma, me di cuenta de que en su mayor parte la primera, o sea la poesía, era capaz de empobrecer el espíritu más rico, las segundas de aburrir al más alegre y las terceras de embrollar al más lúcido. Y no obstante, qué consideraciones hice para descartar cualquier volumen, por insignificante que pareciera. Si un cura y un barbero me hubieran ayudado sin yo saberlo, ¿habrían dejado en mis estantes más de cien? Cuando en 1955 visité a Pablo Neruda en su casa de Santiago me sorprendió ver que escasamente poseía treinta o cuarenta libros, entre novelas policiales y traducciones de sus propias obras a diversos idiomas. Acababa de donar a la universidad una cantidad enorme de verdaderos tesoros bibliográficos. El poeta se dio ese gusto en vida; único estado, viéndolo bien, en que uno se lo puede dar.

No haré aquí el censo de los libros de que estaba dispuesto a desprenderme; pero entre ellos había de todo, más o menos así: política (en el mal sentido de la palabra, toda vez que no tiene otro), unos 50; sociología y economía, alrededor de 49; geografía general e historia general, 3; geografía e historia patrias, 48; literatura mundial, 14; literatura hispanoamericana, 86; estudios norteamericanos sobre literatura latinoamericana, 37; astronomía, 1; teorías del ritmo (para que la señora no se embarace), 6; métodos para descubrir manantiales, 1; biografías de cantantes de ópera, 1; géneros indefinidos (tipo Yo escogí la libertad), 14; erotismo, ½ (conservé las ilustraciones del único que tenía); métodos para adelgazar, 1; métodos para dejar de beber, 19; psicología y psicoanálisis, 27; gramáticas, 5; métodos para hablar inglés en diez días, 1; métodos para hablar francés en diez días, 1; métodos para hablar italiano en diez días, 1; estudios sobre cine, 8; etcétera.

Pero esto constituía nada más el principio. Pronto descubrí que eran pocas las personas que querían aceptar la mayor parte de los libros que yo había comprado cuidadosamente a través de los años perdiendo tiempo y dinero. Si bien esto me reconcilió algo con el género humano al descubrir que el mero afán de acumular no era una aberración tan generalizada, me causó las molestias consiguientes, por cuanto una vez decidido a ello, deshacerme de esos libros se convirtió en una necesidad espiritual apremiante. Un incendio como el de la Biblioteca de Alejandría, al que están dedicados estos recuerdos, es el camino más llano, pero resulta ridículo y hasta mal visto quemar quinientos libros en el patio de la casa (suponiendo que la casa tuviera). Y se acepta que la Inquisición quemara gente, pero la mayoría se indigna de que quemara libros. Ciertas personas aficionadas a estas cosas me sugirieron donar todos esos volúmenes a tales o cuales bibliotecas públicas; pero una solución tan fácil le restaba espíritu aventurero al asunto y la idea me aburría un poco, además de que estaba convencido de que en las bibliotecas públicas serían tan inútiles como en mi casa o en cualquier otro sitio.

Tirarlos uno por uno a la basura no era digno de mí, de los libros, ni del basurero. La única solución eran mis amigos. Pero mis amigos políticos o sociólogos poseían ya los libros correspondientes a sus especialidades, o eran enemigos de ellos en gran cantidad de casos; los poetas no querían contaminarse con nada de contemporáneos suyos a quienes conocieran personalmente; y el libro sobre erotismo era una carga para cualquiera, aun despojado de sus ilustraciones francesas.

Sin embargo, no quiero hacer de estos recuerdos una historia de falsas aventuras supuestamente divertidas. Lo cierto es que de alguna manera he ido encontrando espíritus afines al mío que han aceptado llevarse a sus casas esos fetiches, a ocupar un lugar que restará espacio y oxígeno a los niños, pero que darán a los padres la sensación de ser los depositarios de un saber que en todo caso no es sino el repetido testimonio de la ignorancia o la ingenuidad humanas.

Mi optimismo me llevó a suponer que, al terminar estas líneas, comenzadas hace quince días, en alguna forma justificaría cabalmente su título; si el número de quinientos que aparece en él es sustituido por el de veinte (que empieza a acortarse debido a una que otra devolución por correo), ese título estará más apegado a la realidad."

sábado, 7 de febrero de 2026

Los Otomanos de Marc David Baer: ¿Un modelo del pasado o una advertencia para el futuro?


Hoy quiero hablarles de un libro que acabo de terminar de leer y que ha sacudido los cimientos de lo que creía saber sobre la historia: Los Otomanos: Khans, Césares y Califas, del historiador Marc David Baer.

El libro no es solo una crónica de sultanes y conquistas; es una pieza de cirugía histórica necesaria para entender el presente.

Reseña

La tesis central de Baer es que  el Imperio Otomano no fue un "otro" ajeno a Europa, sino una potencia fundamentalmente europea. Baer nos lleva por un viaje de 600 años (desde el siglo XIII hasta el XX) desmantelando dos mitos: que el imperio era una teocracia estancada y que su caída fue una "muerte natural" por decadencia.
Baer afirma que no se puede entender la historia de Europa sin los otomanos. No fueron solo los invasores a las puertas de Viena; fueron parte del Renacimiento, de la diplomacia europea y de la formación de la modernidad.
Baer nos explica que el sultán era mucho más que un emperador. Era el heredero de las estepas (Khan), el sucesor de Roma (tras 1453, Mehmed II se proclamó sucesor de Roma (el César) y el líder del mundo islámico (el Califa).

Lecciones para el presente de Europa
El libro de Baer actúa como un laboratorio para observar lo que el sociólogo Zygmunt Bauman ha llamado "modernidad líquida" para explicar el mundo actual. Me explico.
El Imperio Otomano fue una estructura diseñada para gestionar la fluidez: en ella convivían judíos, cristianos y musulmanes bajo el Sistema de Millets (autonomía legal religiosa) hasta el siglo XIX. Tenía, en cierto modo, una naturaleza líquida.
Sin embargo, frente a la emergencia de los nacionalismos en Europa en el siglo XIX, el imperio intentó modernizarse y se enfrentó a un dilema que hoy resuena en las calles de París, Londres o Madrid: ¿Cómo mantener la unidad cuando los grupos prefieren sus propias leyes a las del Estado?
Baer sostiene que el colapso se produjo porque, desde las élites, se pretendió imponer un sentimiento nacionalista excluyente basado en dos pilares: ser turco y musulmán. Y porque, desde la base social, las diferentes comunidades no fueron capaces de renunciar a sus particularismos. 

El choque con los valores europeos

Aquí es donde la obra de Baer se vuelve una herramienta de análisis político actual. 

Todos sabemos que la prosperidad de Europa occidental se construyó sobre reglas comunes (igualdad ante la ley, secularismo y democracia) o, desde el punto de vista de Niall Ferguson en "Civilización: Occidente y el resto" (ver reseña), a partir de seis maneras de pensar  (6 apps) y las ideas y comportamientos que llevaban aparejados: 1) competencia, 2) ciencia, 3) derechos de propiedad, o el imperio de la ley, 4) medicina, 5) la sociedad de consumo y 6) la ética del trabajo.

El sistema cultural de la prosperidad occidental vs el modelo otomano y el desafío actual

"Killer App" (Ferguson)Regla Común Occidental (Baer)El Modelo Otomano (Millets)El Desafío Actual 
1. CompetenciaMercado de ideas y mérito: La ley es igual para todos; el mejor gana.Monopolio Estatal: El Sultán controla todo; las comunidades no compiten, solo coexisten bajo él.Fragmentación: El gueto anula la competencia. El ascenso depende del clan o la religión, no del mérito.
2. CienciaRazón sobre dogma: La educación es secular y basada en el método científico.Preeminencia religiosa: La ciencia floreció, pero siempre supeditada a la ortodoxia islámica.Conflicto educativo: Rechazo a la ciencia moderna (evolución, libertad de cátedra) en favor del dogma religioso.
3. Imperio de la LeyDerechos de propiedad: Solo existe una ley universal y tribunales civiles únicos.Leyes paralelas: Tribunales diferentes para cada religión. La ley no era igual para todos.Incompatibilidad: Intentos de establecer la sharia crean un "estado dentro del estado" que rompe la igualdad jurídica.
4. MedicinaSalud universal: Basada en la evidencia, sin barreras culturales.Segregación: Hospitales y cuidados divididos a menudo por pertenencia religiosa.Barreras culturales: Rechazo a tratamientos por motivos de fe o segregación por sexo en la atención médica.
5. Sociedad de ConsumoInclusión económica: Todos participan, especialmente la mujer (revolución industrial).Economía segmentada: La mujer tenía poco papel público económico; gremios cerrados por etnia.Dependencia: El gueto limita la autonomía de la mujer, reduciendo la fuerza laboral y el consumo al núcleo familiar.
6. Ética del TrabajoContrato social: El esfuerzo individual mantiene unida a la sociedad secular.Lealtad dinástica: La ética no era individualista, sino de servicio al soberano o a la comunidad.Fractura social: Si el inmigrante no acepta el contrato social occidental, se rompe el vínculo que sostiene el bienestar común.

El peligro, entonces, no es la migración en sí. Muchos imperios, incluido el otomano, crecieron gracias a ella. 

El peligro no es la diversidad. Es la fractura de los pilares fundamentales del sistema cultural que trajo la prosperidad.
El problema no es el otro diferente. Es el reemplazo de ese sistema por otro pre-moderno, neo-tribal y fragmentado en comunidades de autopercepciones infinitas que exigen, cada una, un marco legal específico de privilegios y derechos. 

Baer explica que el "Otomanismo" del siglo XIX (el intento de crear una identidad común, turca y musulmana) fracasó porque las comunidades no aceptaron renunciar a sus particularismos. 

El reto de Europa y Occidente es lograr que la migración acepte como reglas básicas los seis pilares culturales (las 6 apps) que la hicieron próspera. 

El riesgo es el retorno a un sistema de comunidades aisladas y enfrentadas.

La lección final: el peligro de la "solución sólida"

La parte más dura del libro es el relato del colapso. Ante el miedo a la desintegración, los otomanos abandonaron su multiculturalismo y abrazaron un nacionalismo turco radical. El resultado fue el genocidio armenio y la limpieza étnica.

La advertencia para hoy es clara: Si las democracias liberales no logran que sus "reglas comunes" se respeten frente a los particularismos religiosos o los guetos, la respuesta histórica será un giro hacia nacionalismos y particularismos excluyentes y, no pocas veces, polarizantes y hasta violentos.

¿De qué otros particularismos hablamos?
Hablamos de las políticas identitarias. La gran conquista de la modernidad europea fue que la ley dejara de mirar quién eres y a qué grupo perteneces para mirar qué hiciste. 
Al contrario, las políticas identitarias exigen que el Estado legisle en función del grupo al que perteneces (género, etnia, orientación sexual) o, más difícil aún, en función de la autopercepción de cada individuo. Siguiendo la tesis de Baer, esto sería, en esencia, un neootomanismo
Al igual que en el imperio otomano un cristiano tenía leyes distintas a un musulmán, hoy se proponen marcos legales o cuotas que fragmentan la "regla común". Si la ley deja de ser universal, el Imperio de la Ley (la app nº 3 de Ferguson) se convierte en un sistema de privilegios y agravios comparativos.

En cuanto a la ciencia, Ferguson señala que esta (app nº 2) requiere hechos objetivos. Ciertos sectores de las políticas identitarias actuales exigen que la percepción subjetiva o la identidad sentida prevalezcan sobre la realidad biológica o empírica. Así, si una sociedad deja de poder definir conceptos básicos mediante la ciencia porque eso "ofende" a un particularismo identitario, el motor de progreso tecnológico y médico de Occidente empieza a enfermarse.

Finalmente, las apps nº 1 (Competencia) y nº 6 (Ética del Trabajo) se basan en el mérito individual. Las políticas identitarias suelen sustituir el mérito por la "representación de grupo". Cuando los incentivos dejan de ser la excelencia y pasan a ser la pertenencia a un colectivo, la competitividad de la civilización decae frente a modelos que sí mantienen el mérito como norte (como está ocurriendo con el ascenso de ciertas potencias asiáticas).

El Cuadro de la Nueva Fragmentación

Regla Común (Occidente)Particularismo Religioso (Sharia/Guetos)Particularismo Identitario (Woke/Identitarismo)
Igualdad ante la leyExige tribunales religiosos paralelos.Exige justicia social basada en grupos de identidad.
Libertad de expresiónLimitada por el concepto de "blasfemia".Limitada por el concepto de "ofensa" o "discurso de odio".
Mérito IndividualSupeditado a la lealtad a la fe.Supeditado a cuotas de diversidad y representación.
Ciencia y RazónSupeditadas al dogma sagrado.Supeditadas a la construcción social y la subjetividad.

El fin del "software" universal

Europa está siendo desafiada por dos frentes que parecen opuestos pero que buscan lo mismo:

  1. Por un lado, una migración que a veces trae consigo valores pre-modernos (Sharia); y
  2. Por otro, una élite interna que promueve valores post-modernos (políticas identitarias).

Lee también mi reseña sobre el libro "El asedio a la modernidad de J.J. Sebreli"

Pero, volviendo a Baer y Ferguson, ambos coinciden en lo fundamental: que los valores premodernos y los postmodernos desafían la idea de que existe una "regla común" para todos. Baer nos enseña que cuando los otomanos intentaron crear una ciudadanía única, ya era tarde porque los particularismos eran demasiado fuertes. 

La pregunta es: ¿Está Europa a tiempo de salvar sus "reglas comunes" o está caminando hacia una fragmentación irreversible entre tribus enfrentadas?

BIBLIOGRAFÍA (para profundizar)

1. Fuentes Principales

  • Baer, Marc David (2021). The Ottomans: Khans, Caesars, and Caliphs. Basic Books. (Edición en español: Los Otomanos: Khans, Césares y Califas, Ed. Crítica).

    Por qué es clave: Es la fuente de la tesis sobre la naturaleza europea del imperio, el "Sultanato de las Mujeres" y el análisis del colapso multicultural hacia el nacionalismo radical.

  • Ferguson, Niall (2011). Civilization: The West and the Rest. Penguin Books. (Edición en español: Civilización: Occidente y el resto, Ed. Debate).

    Por qué es clave: Proporciona el marco de las "6 Killer Apps" (competencia, ciencia, propiedad, medicina, consumo y ética del trabajo) que hemos usado para medir la prosperidad occidental.

2. El Marco de la Modernidad y la Crisis de Identidad

  • Bauman, Zygmunt (2000). Liquid Modernity. Polity Press. (Edición en español: Modernidad Líquida, Ed. Fondo de Cultura Económica).

    Por qué es clave: Define el concepto de "liquidez" social y la erosión de las instituciones sólidas que hemos aplicado a la fragmentación de las reglas comunes.

  • Fukuyama, Francis (2018). Identity: The Demand for Dignity and the Politics of Resentment. Farrar, Straus and Giroux. (Edición en español: Identidad: La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento, Ed. Deusto).

    Por qué es clave: Analiza cómo las políticas identitarias modernas están sustituyendo la identidad ciudadana universal por particularismos de grupo.

  • Sebreli, Juan José (1991) ."El asedio a la modernidad de J.J. Sebreli" (Debate)

Por qué es clave: critica el “espíritu de los tiempos” que, según Sebreli, "se define por el abandono de la sociedad occidental de todo lo que significaron sus rasgos distintivos: el racionalismo, la creencia en la ciencia y la técnica, la idea de progreso y modernidad" y el hecho de que, a la concepción objetiva de los valores se opuso el relativismo; al universalismo, los particularismos culturales."
  • Goodhart, David (2017). The Road to Somewhere: The Populist Revolt and the Future of Politics. Hurst.

    Por qué es clave: Introduce la distinción entre los Anywheres (élites líquidas globales) y los Somewheres (personas arraigadas que temen la pérdida de sus reglas comunes), muy útil para entender la reacción nacionalista.

3. Sobre el Desafío de la Integración y la Ley

  • Caldwell, Christopher (2009). Reflections on the Revolution in Europe: Immigration, Islam, and the West. Doubleday.

    Por qué es clave: Un análisis crítico sobre cómo la migración descontrolada y la falta de asimilación afectan a las instituciones y leyes europeas tradicionales.

  • Koopmans, Ruud (2020). The House of Islam: A Global History. Bloomsbury.

    Por qué es clave: Ofrece datos y análisis sobre la dificultad de encajar ciertos marcos legales religiosos (como la Sharia) en sociedades democráticas seculares.

4. Perspectivas de Contrapunto 

  • Maalouf, Amin (1998). Les Identités meurtrières. Grasset. (Edición en español: Identidades asesinas, Ed. Alianza).

    Por qué es clave: Explica cómo la exigencia de una sola identidad "sólida" puede llevar al conflicto, defendiendo una visión más integradora.

  • Sen, Amartya (2006). Identity and Violence: The Illusion of Destiny. W. W. Norton & Co.

    Por qué es clave: Argumenta contra la idea de que las personas pertenecen a una sola "civilización" fija, lo cual matiza las tesis de Ferguson.