Una respuesta a Roberto Seghetti desde la experiencia de mis 62 años
En el debate económico actual, ha ganado fuerza una etiqueta provocadora: el "capitalismo feudal".
Uno de sus exponentes, el periodista italiano Roberto Seghetti, sostiene que hemos regresado a una estructura medieval. Según él, las grandes tecnológicas no compiten, sino que son "señores" que cobran tributos por acceder a la "tierra digital" (Amazon, Netflix, Google).
Habiendo vivido la era del vinilo, el cassette y el CD, y tras haber hecho verdaderas proezas para conseguir un solo disco de 45 RPM (dos canciones) en mi juventud, tengo argumentos para decir que esta crítica es una pataleta ideológica que ignora la realidad del bolsillo y la libertad del usuario.
Seghetti argumenta que estas plataformas son parásitos que extraen renta de un mercado cautivo.
La realidad: Un señor feudal cobraba por un puente que él no mantenía. Hoy, pagamos por una proeza tecnológica: servidores globales que transmiten en 4K sin cortes y algoritmos que aprenden de nuestros gustos. Mantener esa "biblioteca de Alejandría" en la palma de tu mano cuesta miles de millones en inversión constante. No es un peaje; es un servicio de lujo a precio de risa.
Para los críticos, no ser dueño del objeto físico es una pérdida de poder. Yo lo veo al revés:
La fragilidad física: Los discos se rayan, las cintas se enreden y los CDs se oxidan. Pero hay algo más: lo físico te lo pueden robar. Un incendio o un robo en casa acababa con tu colección de años.
La invulnerabilidad digital: Mis licencias en la nube no se queman ni se pierden. Y seamos pragmáticos: si le das tus claves a tus hijos, ellos heredan tu biblioteca entera sin pagar un solo centavo de impuesto de sucesiones y sin que ocupe un metro cuadrado de estantería. Es propiedad líquida, segura y portátil.
Seghetti ve un sistema de "vasallaje" donde el pequeño productor sufre.
El viejo paradigma: En los 80, mandaban cinco ejecutivos de discográficas. Si ellos decían que no eras comercial, no existías. Eso sí era un feudo cerrado.
Hoy mandamos nosotros: Cualquier artista se autopublica hoy desde su habitación. La "curaduría" ya no es una imposición de un tipo con traje en una oficina de Nueva York o Tokio; es un diálogo democrático entre el creador y el público a través de la red.
Irónicamente, la mirada de Seghetti es la que permanece anclada en una mentalidad feudal al no comprender la diferencia entre la carga de la propiedad y la libertad del acceso.
Su error es fetiche: cree que la libertad reside en poseer el objeto físico (el disco, el libro, el soporte), sin entender que ser dueño de un objeto te obliga a su mantenimiento, cuidado y protección contra el robo o el tiempo.
En la economía moderna, el consumidor inteligente ha descubierto que es mucho más libre quien posee el derecho de uso que quien carga con el peso del activo; delegamos el mantenimiento y la obsolescencia a la plataforma para reservar nuestro tiempo y capital en lo que realmente importa. El siervo medieval estaba atado a la tierra por obligación; el usuario de hoy entra y sale del servicio por elección, demostrando que la verdadera soberanía no es acumular cosas, sino poseer opciones.
Por último, para desarmar la teoría de Seghetti, solo hace falta una calculadora.
En 1980: Un disco de vinilo de estreno costaba unos $8.99 USD.
Ajustado a 2026: Esos mismos $8.99 equivalen hoy a unos $38.00 USD.
La conclusión es letal: Con el precio de un solo disco físico en los 80, hoy pagas tres meses de acceso ilimitado a 100 millones de canciones. Somos un 300% más ricos en acceso cultural que cuando éramos "dueños" de trozos de plástico.
El error de Seghetti es confundir la conveniencia con la coacción. El siervo medieval no podía elegir a su señor; nosotros elegimos la plataforma porque nos da un valor incalculable por una suma ridícula.
A mis 62 años, no me siento un "siervo". Me siento el dueño de una riqueza cultural que mis padres ni siquiera pudieron imaginar.
Llamar a esto "feudalismo" no es economía; es nostalgia mal informada.
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