viernes, 29 de octubre de 2010

La ventanilla 52

Eso, la Ventanilla 52 ó "Las locas ilusiones..." me hicieron pensar
que los Registros Públicos (SUNARP) había cambiado.

Esta mañana fui a la SUNARP que tiene una (1) sola oficina para todo
Lima, una ciudad de 9 millones de habitantes, para obtener los tìtulos
archivados de una pequeña propiedad que tengo en San Borja.


Y estuve gratamente sorprendido de ver que había muchas ventanillas en
el primer piso muy bien iluminadas y de las cuales tal vez 35 eran
ventanillas de Caja, tres abogados con poncho rojo orientando a los
usuarios y un mòdulo de entrega de formularios. Recogì un ticket para
Caja y en menos de 1 minuto ya estaba pagando.


El caso es que en menos de 20 minutos, yo ya habìa ubicado las partidas
de inscripciòn que estaba buscando y obtenido copia de una de ellas.
Habìa hecho 4 ò 5 tràmites simples... !en menos de media hora! !Estaba
feliz! Tan feliz que hasta le enviè un mensaje de texto a mi abogado
(y amigo), Daniel, contàndoselo.


Faltaba sòlo un tràmite. "Es una maravilla", pensè, "a las 11.30 am, a
lo mucho, estarè libre."


- "Copia de tìtulo archivado, 8vo piso" - dijo la cajera - a quien le
especifiquè que querìa todo el tìtulo, todo el reglamento interno del
edificio y quien me cobrò la friolera de solamente 2 soles.


Y hacia allà fui´. La antaño temida área de consulta y lectura de
tìtulos, donde ademàs te hacen las copias de esos tìtulos. La ùltima
vez que estuve en el 8vo piso fue en 1993 y... ¡fue una pesadilla!
"Esa vez seguro serà diferente!" - me dije ilusionado.


En el 8vo piso me recibió un empleado que me recibió el Formulario de
solicitud, a quien le dije que `queria todo el reglamento interno y
quien leyò "detenidamente" mi solicitud para cerciorarse que no le faltara
nada y me dijo que "está bien, espere, por favor".


Y esperé, esperé media hora y me llamò para decirme que a mi solicitud
le faltaba especificar si queria todo el titulo o...sòlo una hoja...!



- Eso fue lo que le dije - le contesté y le di nuevamente el dato y me dijo:

- Vuelva en 1 hora y media.

Aùn de buen humor, volvì al cabo de 1 hora y media y, despuès de hacer
una fila de 15 minutos, me dijo:

- Le falta hacer un pago. Sus copias cuestan mas o menos 60 soles

- ¿Què cosa? Pero si yo ya paguè - le respondí - yo le expliquè
claramente a usted y a la cajera y a todos!


- No, me dijo, su pago es de 60 soles y a usted sòlo le han cobrado 2
soles. Paguè los 60 soles, dejè su solicitud y vuelva en 1 hora y
media.


- ¡Què!!!! ah noooo!! - le dije, y reclamè, piteè, me indignè, pero
nada habia que hacer... salvo pagar.


Volvì a presentar la solicitud y preguntè a la cajera què dònde podìa
presentar una queja.


- Defensorìa del usuario, 2do piso - respondiò poniendo cara de que le
estaban poniendo un supositorio. Y hacia allá fui, del 8vo al 2do piso.


En Defensorìa del usuario, habìa una dama que, bloqueando la puerta
con su cuerpo me preguntò:

- ¿Sì, señor? ¿Què desea?

- Pues, deseo hablar con alguien en esta oficina para presentar un
reclamo- respondì, con amabilidad.

- Ventanilla 52, 1er piso - replicò. - Alli le daràn un pase.

Y hacia allá fui pensando que debìa ser una ventanilla que resolvìa
los casos màs simples para descongestionar a la defensorìa. Y resultò
que en primer piso.. ¡sòlo habìa 51 ventanillas!


Después de buscar un poco y preguntar, descubrí que la ventanilla 52 se
encontraba en un rincòn oscuro entre la escalera y los ascensores.

- ¿Es qué lo harán a propósito? -pensé

Una vez allí, expresè a la empleada de la Ventanlla 52 lo que deseaba y èsta
escribiò en un papelito de de 6cm x 4cm mi nombre (lo cual pude haber
hecho yo) y me dijo que ya, que ya podìa ir a Defensorìa.


En Defensorìa, la empleada recibiò mi Pase, y puso un nùmero (que
tambièn pude haber hecho yo)


Una vez dentro, vi que la empleada que atendìa estos casos era una
mujer guapa, delgadita y joven y que justo en ese momento estaba
atendiendo a un usuario a quien le habìan hecho pagar ma o menos 20
soles para "visualizar" una partida en al cual se hacia referencia a
otra partida, que era la que a èl le interesaba... su problema era que
dicha Partida... ¡No existìa! Y este usuario, quien pedìa la
devoluciòn de su dinero, recibiò como respuesta:


- Lo siento, señor, pero no existe un procedimiento para devolver
dinero. Puede quejarse a donde quiera y no se lo van a devolver.


Asi que cuando llegò mi turno, y ya estaba calmado y en aceptaciòn
total, le dije a la guapita:


- Señorita, sea sincera conmigo, ¿aqui me van a resolver el problema o
esta defensorìa sòlo es una Diazepan? Usted me entiende... que es sòlo
para calmar al usuario dàndole la sensaciòn de que realmente importa.


La guapa puso de que le estaban poniendo no uno sino 2 supositorios, y al
mismo tiempo y me dijo:

- Depende, señor.

Le expliquè que ya llevaba 2 horas esperando, que me habìan pospuesto
la entrega y que me habian dicho que volviera en 1 hora y media. Ella entonces llamò al temido 8vo piso y despuès de una charla con el empleado a quien 15 minutos antes
yo habia querido estrangular (o sea que ya habia consumido 15 minutos
de la hora y media extra que me tocaba esperar), me dijo con un gesto
dulce y llena de orgullo por el trabajo bien hecho:


- Ya, señor, dicen que disculpe que hay sobrecarga de trabajo y que
sus copias van a estar listas a las 2pm, o sea, en 1 hora y 15
minutos... ¡PLOP! (que era lo que exactamente lo que me faltaba esperar sin intervención de la defensoría!)

Pero ya no me enojé... la miré con compasión y le dije:
- Gracias, señorita, la verdad... ¡No envidio su trabajo!

Y aqui me tienen, me fui a bucar una cabina pùblica de internet para
contarles esto.


Y ya son las 2pm... y me toca ir por mis copias.... ¿habrà acabado
aqui esta historia? ¿o tendrè que esperar otra vez 1 hora y media, ir
a la Ventanilla 52 y luego a presentarle mis respetos a la guapa
empleada de Mecedoría...* uy, perdòn, quise decir, Defensorìa del
Incauto... uy, perdòn otra vez, quise decir del Usuario...

Ya les cuento.
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Desenlace de la historia:
El desenlace es que me dieron mis documentos a las 2.30pm y estos eran un legajo de no más de 30 paginas con lo que cada fotocopia me terminó costando 5 soles (casi 2 dólares)... total 62 soles o 22 dolares... es decir, de costoso que ni en un FEDEX de los EEUU! con la agravante de que en el Peru una fotocopia en cualquier tienda te cuesta 0.10 soles... pero, ya me dio mucha pereza pedir a la Defensoria que "me defienda", más aún cuando primero hubiese tenido que pasar por la ventanilla 52... ;-)
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Notas:
* Mecedoría viene de la jerga peruana Mecedora, Mecer que significa engañar, hacer el tonto al alguien.
































jueves, 26 de agosto de 2010

¿Sabes silbar?


(Foto tomada del Blog "La vida es silbar")
"¿Sabes Silbar?" es una historia que combina lo humorístico y lo cálidamente humano (…) La obra se desarrolla con Alex y Leo, dos amigos decididos a adoptar un abuelo, por lo que se dirigen a un asilo para compartir y disipar sus dudas. ¿Sabes Silbar? no sólo muestra la importancia de las cosas "comunes" de la vida, sino que hace una reflexión acerca de un asunto de vital importancia para todo niño de cualquier parte del mundo: el saber silbar con la boca, con la lengua, con los dientes y con el corazón. De esa forma, se plantea la importancia de construir enlaces, puentes entre generaciones y ofrecer una perspectiva interesante para la vida diaria de algunos niños y niñas, como saber silbar y tener un abuelo, que si no se tiene se puede elegir." (Fuente: Artículo "¿Sabes silbar?")
Debido a una situación que me ocurrió hace muy pocos días aquí en Buenos Aires, leí este artículo y muchos otros, todos sobre el arte de silbar.
Leí, por ejemplo, que en la Isla Gomera de Canarias existe una suerte de lenguaje hecho de silbidos.
Se llama Silbido Gomero y permite comunicar cualquier idea que se le ocurra al hablante, con los mismos detalles y precisión que un lenguaje hablado. Pueden decir, por ejemplo, "Fulano está enfermo" o "Vente a comer y de paso trae agua por favor".
Recordé que cuando tenía 12 años llegué a vivir al barrio de Los Pinos en Chimbote, mi pueblo natal, y lo primero que llamó mi atención fue que los muchachos se comunicaban entre sí utilizando silbidos. Algunos de dichos silbidos decían "hey, estoy aquí, abre la puerta" o "estoy en la otra esquina" o "quién eres" y otros "soy fulano". Éramos capaces de reconocer las características particulares de cada uno de nosotros cuando lo único que podíamos ver eran siluetas y entonces sólo escuchando el silbido podíamos decir "ese es Pepe".
La nota de humor la daba mi buen amigo Armando Vera, quien además de ser negado para los deportes también lo era para los silbidos. Pero como Armando tenía una personalidad arrolladora, especialmente con las mujeres y en los negocios, él se las arreglaba imitando los silbidos con la voz… lo que nos hacía carcajear…!
El tema es que yo crecí entre silbidos y por eso, hace tres tardes, mientras paseaba por el barrio San Telmo de Buenos Aires, venía silbando suavemente el tango Por una cabeza de Alfredo Le Pera, pues con el tiempo, he aprendido no sólo el lenguaje silbado del barrio sino también a silbar melodías complejas de principio a fin, como Pájaro Choguí, algunos fragmentos de Carmen de Bizet y muchas otras melodías. Silbar para mí se ha convertido entonces en una manera de rendirle homenaje a una canción y también una forma de expresar la alegría de mi alma, mi Ser más auténtico e impoluto.
Y es por todo esto que no entiendo cómo hay sociedades o personas que pueden considerar al Silbido melódico una falta de educación, y lo que es mucho peor, cómo se puede juzgar de esa manera tan superficialmente una expresión de alegría tan pura, hermosa e inofensiva.
Por tres días me pregunté si era verdad que en Argentina silbar en público era mala educación. Y lo peor es que yo no sólo suelo silbar cuando camino por las calles sino que ¡hasta canto! en voz bajita pero canto! y de hecho, muchas veces he logrado desentrañar los secretos de ciertas inflexiones vocales mientras caminaba por las calles de Lima, Madrid y ahora Buenos Aires donde por fin he logrado hacer ciertas frases de la canción Lucía de Serrat tal como me gusta.
Así que pedí varias opiniones de amigos argentinos. Todos me dijeron lo mismo, que No, que el silbido melódico no lo era. Que llamar a una persona silbando si era rudo pero el silbido melódico no. Mi buen amigo Mario fuer especialmente enfático y subrayó con esa dulzura típica de los porteños que "si a alguien le molesta, che, ¡decile que no te hinche las pelotas!"... que es la versin airada del verso de Silvio Rodríguez que dice: "¿Te molesta mi amor?"
Pero, aún así no me convencían... hasta hoy por la tarde cuando escuché que Ruth, una alemana con quien compartía el tour en bicicleta por La Boca, venía silbando Mi Buenos Aires querido. Emocionado, sonreí de inmediato, sin palabras, como si estuviese en la esquina de mi barrio, le respondí con "Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos vieron pasar.."
Era una señal del Universo, pero no sería la única... pues tres horas después, mientras volvía a casa en tren, se sentó a mi lado un hombre de más o menos 55 años que utilizaba unos pequeños audífonos y supe que la melodía que escuchaba era una de las más hermosas canciones de Los Beatles: "Let it be" (Déjalo ser) porque él la venía silbando suavemente con los ojos cerrados...
Esta fue la segunda señal. Sonreí y di gracias a Dios y al Universo por permitirme ver la verdad en esos momentos mágicos y hacerme saber que debo seguir silbando... con la boca, con la lengua, con los dientes y con el corazón.

miércoles, 21 de julio de 2010

¿Qué quieres jugar?



Siempre lo digo, los niños pueden ser pequeños maestros en el arte de la vida, si sabemos escucharlos.

Llegué hace unos días a casa de Dawlish, una amiga venezolana, y Arturo, el menor de sus hijos, un niño de 9 años, me recibió con esta pregunta:
- “¿Qué quieres jugar?”

La pregunta, corta y simple, me dejó pensativo por unos segundos.
Me pregunté cuantas veces los adultos nos juntamos con un buen amigo y lo que hacemos es conversar y conversar, y no jugamos.
Recordé que cuando yo era niño y los tíos y amigos demis padres traían a sus niños a casa, yo me acercaba a ellos y les preguntaba directamente:
- “¿Te gustan los chistes?”

Y las respuestas siempre fueron “Sí”. Y entonces nos poníamos a contar los mejores chistes que podíamos recordar y reíamos, reíamos como locos, y luego venían los juegos, uno tras otro. Era hermoso.

¿Por qué cuando crecemos y nos hacemos adultos nos olvidamos de eso? ¿Por qué hemos olvidado que una de las cosas más hermosas que se puede hacer con un amigo es jugar o contarnos chistes? En lugar de esto, preferimos hablar exclusivamente de cosas serias, de negocios, de trabajo, de nuestros problemas y sobretodo, preferimos discutir, tener la razón, dejar sentada nuestra opinión.
¡Nunca hablamos de cosas realmente importantes!

Si vamos un fin de semana a la playa o un domingo al parque, nos dedicamos casi exclusivamente a comer o beber vino o cerveza. ¿Qué pasó con las escondidas, la charada, el pega-pega, el mata-gente y el chicote caliente? ¿O un buen partido de volleyball o futbol playero?

¿Cuándo ha sido la última vez que hemos llegado a una fiesta o casa de un amigo y en lugar de hablar de política o negocios o las últimas ofertas del mes en los Mall (yo odio ésta en especial), y hemos ido directo a lo más importante con frases tan simples como:
- “Hey, muchachos, ¿Qué quieren jugar?”, o “¿Te gustan los chistes?", o ”Sabes la última de....?"

Si hay algo que me entusiasma siempre son las pequeñas pero profundas lecciones que nos dan niños, como la que medio Arturo.