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viernes, 29 de marzo de 2013

Instrucciones para vivir (y para todo lo demás)


Hace ya unos años, allá por los 90s, cuando el internet estaba en pañales, el correo electrónico no era gratuito, Google aún no existía y Yahoo y Alta Vista eran los buscadores que daban la hora, llegó a mí un texto en inglés que decía “Instructions for life” que unos atribuían a John Lennon y otros al Dalai Lama y que traduje de inmediato al Español como “Instrucciones para vivir”.

En aquel entonces, yo andaba todavía buscando lo esencial de mí mismo, medio perdido en el camino sin sospechar siquiera que me convertiría en coach ontológico y terminaría enamorado de la espiritualidad oriental. Así que agradecí muchísimo haber recibido esas “instrucciones” en un etapa de mi vida en que realmente las necesitaba! Y me han acompañado desde entonces junto a una versión de bolsillo de El Principito.

Claro que, en ese momento, no pude comprender que esas “instrucciones” no eran fórmulas sobre “cómo hacer” (formas de hacer) las cosas sino sobre “cómo Ser” (formas de ser) en la vida. Y ahora se que en eso radica la enorme sabiduría que ellas contienen. 

Cada de esas instrucciones tiene toneladas de sabiduría puesta en lenguaje fácil. Cada una de ellas es la excusa perfecta para escribir y compartir con ustedes, queridos compañeros de viaje.

Así que, a partir de la próxima entrada, utilizaremos estas instrucciones para compartir algunas lecciones aprendidas y juntos trataremos de explorar en ellas el tesoro que esconden para cada uno de nosotros, tanto en la vida personal, familiar, social y laboral.

Para empezar, aquí les dejo el video (en inglés) y la lista completa en español:




1. Dale a la gente más de lo que espera, y hazlo alegremente.
2. Memoriza tu poema preferido.
3. No creas todo lo que escuchas, no gastes todo lo que tienes, ni duermas todo lo que quieras.
4. Cuando digas "Te amo", siéntelo realmente.
5. Cuando digas "Perdón", mira los ojos de la persona a la que se lo digas.
6. Comprométete por lo menos seis meses antes de casarte.
7. Cree en el amor a primera vista.
8. Nunca te rías de los sueños de los demás.
9. Ama profunda y apasionadamente. Quizás te vas a lastimar, pero es la única forma de vivir la vida por completo.
10. En desacuerdos, pelea justamente.
11. No juzgues a la gente por sus parientes.
12. Habla poco y piensa rápido.
13. Cuando alguien te pregunte algo y no quieras contestarle, sonríe y pregúntale: ¿Por qué lo quieres saber?
14. Recuerda que los GRANDES AMORES y los GRANDES LOGROS envuelven GRANDES RIESGOS.
15. Llama a tu madre.
16. Aunque no quieras UN GRAN AMOR siempre vuelve.
17. Si pierdes, no olvides la lección.
18. Recuerda los tres puntos de la R: 1) Respeto por uno mismo, 2) Respeto por los demás y 3) Responsabilidad por todos tus actos
19. No dejes que una pequeña discusión arruine una gran amistad.
20. Cuando te des cuenta que cometiste un error, trata de dar los pasos más inmediatos que te lleven a arreglarlo.
21. Sonríe cuando levantes el teléfono. El que te llame va a escucharlo en tu voz.
22. Cásate con una persona con la cual te fascine hablar. A medida que te hagas viejo, sus habilidades para conversar van a ser muy importantes.
23. Pasa algún tiempo solo.
24. Mantén tus brazos abiertos para los cambios, pero no dejes que se te escapen tus valores.
25. Recuerda que a veces el silencio es la mejor respuesta.
26. Lee más libros y mira menos televisión.
27. Vive una buena y honorable vida, entonces cuando seas viejo y recuerdes lo que has vivido, vas ha poder disfrutarlo por segunda vez.
28. Confía en Dios pero cierra el coche con llave.
29. Una atmósfera de amor en tu hogar es muy importante. Haz todo lo que puedas para crearla.
30. Los desacuerdos con seres queridos, trátalos con situaciones actuales.
31. Lee entre las líneas.
32. Comparte tus conocimientos. Es una buena manera de ganarse la inmortalidad.
33. Se gentil con la tierra.
34. Reza. Hay mucho poder en las plegarias.
35. Nunca interrumpas a alguien cuando te esté halagando.
36. Métete en tus propios problemas.
37. No confíes en un hombre que no cierra los ojos cuando le das un beso.
38. Una vez al año, ve a algún lugar donde nunca hayas estado antes.
39. Si ganas mucho dinero, inviértelo en ayudar a otros, asi vas a sentir lo que es ser verdaderamente rico.
40. Recuerda que no conseguir lo que uno quiere es, a veces, un golpe de suerte.
41. Aprende las reglas y después rompe algunas.
42. Recuerda que el mejor noviazgo es aquel en el cual el amor que existe entre los dos es mayor que la necesidad que tienen el uno del otro.
43. Juzga tu éxito por lo que has tenido que abandonar para llegar a lograrlo.
44. Recuerda que tu carácter es tu destino.
45. Cuando tengas que amar, hazlo sin seguir "instrucciones", haz lo que sientas.

martes, 25 de diciembre de 2012

El líder… ¿habla o escucha?




En la sociedad contemporánea, donde aún predomina la tendencia a darle más valor a hablar que a escuchar, al líder o presidente de una compañía o de un país, siempre se le pide que en las grandes ocasiones hable, que de un discurso, que diga algo. Nunca se le pide que escuche.

Con esta idea, empiezo mi  25 de diciembre revisando en los diarios las ofertas de cursos que me gustaría recomendar a mis seguidores este verano, practicando el hábito de la Renovación a que se refiere Stephen Covey en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

Me encuentro con varios talleres y cursos que ofrecen capacitarme en “Oratoria y liderazgo”. Esto es, Oratoria, el arte de hablar con elocuencia; y Liderazgo, la capacidad de influir en las personas. Y me surge esta pregunta: ¿es que ser líder está asociado únicamente a hablar?

Veamos, comunicar lo es todo. No hay nada en esta vida que hagamos sin comunicar. Si fuésemos seres separados del resto de la existencia y la sociedad, tal vez podríamos sobrevivir sin comunicar. Pero no lo somos y, por el contrario, lo que hacemos cada segundo de nuestra vida es hablar y escuchar.

De allí que, un buen líder necesita ser un buen comunicador, es decir, saber hablar pero, por encima de todo saber escuchar.

Pero, ¿es así realmente en tu empresa, en tu ministerio? En el mío, no.

Mi tesis es que el cuerpo nos sirve para “escuchar”, mientras que la mente nos es útil para interpretar y juzgar si es favorable o desfavorable para nosotros lo que “escuchamos” y también, como un sub-producto imperfecto e inacabado, para hablar.

Y no me estoy refiriendo a hablar y escuchar sólo con otros seres humanos ni sólo con los oídos o con la boca, si no a hablar y escuchar en el sentido más amplio y natural de la palabra que abarca los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Es decir que los sentidos nos sirven no sólo para percibir y observar el mundo tal como es.

Esta última afirmación la podemos ver a diario en las expresiones que, sin darnos cuenta, usamos cuando contamos a alguien más una experiencia. Decimos cosas como “me ha lanzado una mirada”, “se te escucha muy bien”, “esto no me huele muy bien”, “esta fruta tiene un sabor desagradable” y “tengo un nudo en la garganta”. Esto es que, a través de los sentidos, que son funciones corporales, “oímos” o, mejor dicho, “conversamos” con el resto de la existencia.

Pero hemos sido educados para hablar, no para escuchar. Estamos en una sociedad en donde el "hablar" es un derecho humano y escuchar no existe. Ese derecho es la libertad de expresión que, en sí misma, está basada en el hablar, en el expresarme, en decir algo, sin que exista el deber de escuchar. 

Así, todo el sistema político democrático, que se debe basar en el respeto al derecho, vida, intereses y sueños del Otro, está edificado sobre el hablar. Craso error, pues todos sabemos que muy poco beneficio trae hablar sin escuchar.

Escuchar es el pre-requisito de hablar.

La empresa que lanzó un producto exitoso al mercado primero tuvo que escuchar al consumidor usando las herramientas del marketing. Lo que el líder de tu compañía o de tu país tenga que decir sólo tendrá valor y legitimidad si antes ha escuchado al empleado o al ciudadano. Lo que diga un ministro o el presidente en un discurso oficial o frente a los micrófonos de la prensa, tendrá valor y legitimidad si antes ha escuchado al ciudadano. 

¿Cómo lograrlo? ¿Cómo crear en tu compañía, tu ministerio o tu país, una cultura de grandes lìderes Escuchadores?

Yo empezaría por cerrar algunos cursos de Oratoria y crear algunos talleres de “Escuchatoria y liderazgo” que me parece una asociación más natural.